Alcanzando a los no vacunados

Con la variante Delta, que está provocando un aumento de las tasas de infección de COVID, la carrera por convencer a los no vacunados se ha vuelto aún más urgente en Estados Unidos.


Los Centros para el Control de las Enfermedades, CDC, hablan ya de “La pandemia de los no vacunados”. En California, menos de la mitad de los afroamericanos e hispanos elegibles se han vacunado, lo cual representa un riesgo más alto. Sin embargo, proporcionalmente han aumentado sus tasas de vacunación en los últimos tiempos.



Imagen referencial / LuAnn Hunt - Pixabay


Kim McCoy Wade, Directora del Departamento de Envejecimiento de California, alerta que entre las personas mayores ha sido desproporcionado el mayor número de fallecidos, particularmente entre latinos.


Escuchamos a tres organizadores comunitarios de primera línea sobre cómo alcanzar uno a uno, a los latinos no vacunados en el corazón de Los Ángeles, en las comunidades rurales de San Joaquín y en pequeñas ciudades como Stockton, California.


La clave es generar confianza y convencer a la gente de que se vacune. Su fortaleza ha sido ser parte de esas comunidades, para sobrepasar la desconfianza, el aislamiento y la desinformación


Lo que más les importa


Irma Muñoz, con Mujeres de la Tierra, es pionera en la creación de enfoques innovadores de la participación comunitaria en Los Ángeles.


En el vecindario de MacArthur Park, casi el 100% de sus habitantes son inmigrantes latinos. Se conoce como el lugar para empezar en Los Ángeles. “Hemos tenido 63 mil conversaciones personales. Conseguimos muchos éxitos, pero también muchos problemas”.


“Hemos tenido unas 4 mil horas de sondeo y más del 90% de nuestras conversaciones son en español. Registramos más de 2 mil trescientas citas para que la gente se vacune”, detalla la vocera.


Hicieron un estudio antes de empezar. Contrataron gente de la misma área porque conocen el lugar, unas 40 personas. Los llamaron trabajadores de alcance. “Cuando trabajamos con personas es importante prestar atención, entender. No pedimos información sobre estado de migración, porque muchos no están legales”.


“Los encontramos en el bus, en el metro, en los mercados, en los parques, en la panadería. Incentivamos que los trabajadores de las tiendas se vacunen”, relata.


Encontraron que casi todos los habitantes son trabajadores, por lo que muchos de ellos no podían ir a las citas de lunes a sábados y en pocos lugares se pueden vacunar los domingos. “Algunos de sus líderes religiosos les dicen que las vacunas son veneno”, confía Muñoz.


Agrega que la gente durante el COVID no está abriendo sus puertas, a menos que esperen a alguien. “Los edificios son aún peores”, lamenta.


“Mucha gente que ya había recibido las dos vacunas, nos contó sus historias. Algunos de ellos eran reacios a ponérselas por motivos políticos o religiosos; pero al final lo hicieron por sus familias, lo que más les importa”, dice.


Refiere que hay que preguntarles a las personas que no quieren vacunarse a qué le tienen miedo, qué es lo que les preocupa. Si esto lo hace gente que luce como ellos y habla su mismo idioma, es más efectivo.


Esperan hacer una campaña masiva para buscar a las personas, en lugar de que vayan a ellos. Entre sus estrategias, revela que en los parques hay muchos niños que juegan fútbol y eso les da la oportunidad de hablar con sus padres. “Esto es boca a boca, le pedimos a la gente que hable con sus familiares y vecinos y les digan que ya se vacunaron”.


A veces la gente que no quiere vacunarse los llama para hacerles preguntas. No usan el mismo método para todos. “Consideramos sus antecedentes, su idioma, sus problemas.

Trabajamos mayormente con mujeres de su misma zona, dicen que el trabajo es duro pero valioso, porque están salvando vidas”.



Imagen referencial / RFStudios - Pexels


Irma observa que, si la persona mayor decide vacunarse, toda la familia se va a vacunar, porque ellos por lo general son quienes toman las decisiones. “Tienen más experiencia, les importa la información y los detalles. Hay que dedicarles tiempo, escucharlos”.


En la mayoría de estos hogares hay 2 o 3 familias viviendo juntos. Se cuentan las historias unos a otros.


“Ubicamos a menores de edad en un estado de refugiados, sin papeles para aceptar la vacuna. Son de Guatemala y tienen 16 años. No están con un padre o guardián. No pueden vacunarse. Entienden que es importante y les cuentan a sus amigos”, confía.


“Trabajé con muchas pandillas. Siempre y cuando no te metas en su camino, todo está bien”.

Agrega que quieren conectarse con esos miembros de las pandillas, porque también necesitan ser vacunados. “Están presentes en el parque MacArthur y no creo en ignorarlos”.

Para Irma, desarrollar la confianza no es algo suceda en 5 minutos. “Es la manera de hablar con ellos, tu lenguaje corporal. Si les hablas suave, si los miras, si les das la mano, eso hace la diferencia”.


Venciendo los obstáculos


Esperanza Vielma representa a Environmental Coalition for Water (EJCW), una coalición estatal de grupos de base en Sacramento, California. Operan Stockton, condado de San Joaquín. “Estamos muy familiarizados con las áreas en las que servimos, con lo demográfico, con los líderes de la comunidad. Hay gente que habla español o que es bilingüe. También hay mucha gente del sureste de Asia. Estamos trabajando en cuatro códigos postales”.


Han hecho hasta ahora 9 semanas de sondeos, con 184 mil 650 puertas tocadas.


Añade que las áreas rurales son un desafío, ya que tienen escaso acceso a internet y redes sociales. “Uno de los problemas es que las casas están aisladas entre sí, están alejadas de los caminos”. Dejan panfletos. “Intentamos hacer campañas de alcance, pero no siempre es posible, por el terreno”.


Laboran también en centros comunitarios. “Uno de ellos daba 30 a 40 vacunas al día, logramos subirlo de 80 a 100 vacunas”. Muchos de sus trabajadores acuden también a mercados mexicanos y asiáticos.


“El calor está sobre los 100 grados, pero nos adaptamos, salimos temprano en las mañanas. Aunque hemos hecho llamadas telefónicas, creemos más en el trabajo personal. Tenemos una gran variedad de edades, por eso nos podemos relacionar con los residentes”. Se proponen incrementar el alcance.


Explica que el tema medioambiental les afecta: los incendios, la polución, el calor. “Si a eso le añadimos el COVID, es una situación peligrosa. Cuando se complica, no sacamos a nuestra gente; trabajamos por teléfono. Muchos no tienen idea del peligro, todo se junta”.


Están buscando amplificar nuestro mensaje a varios idiomas, para que todos puedan recibir la vacuna. “Si podemos colaborar con el estado, el condado, el distrito escolar, si insistimos en que hay que vacunarse por los hijos, para dar el mensaje de la mejor manera posible, esa será la única solución”.


No es un tema político


George Pingarron, de Todos Unidos, es el encargado de las encuestas puerta a puerta en Stockton, además de trabajador de divulgación en Coachella.


Ha tenido que enfrentar desde supremacistas blancos hasta los perros que vigilan las casas, entre muchas otras barreras. “Por ejemplo, en este momento hay un calor increíble, los incendios de California han afectado nuestro trabajo”. Incluso se han visto envueltos en enfrentamientos físicos y acoso en general.


Pero han ido más allá de lo que esperaban. Han completado 7 mil quinientas horas de sondeo en su comunidad. Asegura que estos números demuestran lo difícil que es la situación. Han visitado más de 80 mil casas.


“Hay gente que no cree en COVID, están en contra del gobierno y lo convierten en un tema político”. Para él, mucha de la educación que se recibe es en encuentros personales. “Cada conversación es una historia”.


También denuncia que hay falta de información por la barrera de los idiomas.

Reitera que lo que funciona es hablar de manera muy personal. “Al tocar la puerta de alguien, no sabes lo que va a pasar. Pero es más fácil cuando te ven frente a frente, con tu uniforme y tu credencial. Te van a preguntar muchas cosas y debes saber responder adecuadamente, ponerte en los zapatos de la otra persona”.


Piensa que los centros de llamadas se la ven difícil, porque la gente recibe muchas llamadas robots que les fastidian.


“Me entristece que la gente que nos está ayudando sea víctima, algunas personas siguen siendo racistas y hemos tenido altercados. Hubo un caso en el vecindario rural de Modesto. Los voluntarios fueron seguidos por un grupo de personas, pero fueron acosados en autos. Les dijeron que se fueran, que no eran bienvenidos. No los escucharon, los golpearon”.


Algunos hacen de esto un tema político, otros no creen en las vacunas, otros más consideran que no hubo suficientes estudios para esta vacuna.


Su discurso es que hay más beneficios en obtener la vacuna que en no obtenerla. “Hay que decirlo. La vacuna va a evitar casos graves y la muerte”.


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