Comunidades asiático-americanas exigen detener el odio en su contra

Actualizado: abr 11

I.–

Un niño de ascendencia asiática es atacado verbal y físicamente en el colegio por sus compañeros. Lo acusan de tener COVID-19.


Una pareja de ancianos asiático-americanos pasea con su nieto de dos años. En un semáforo, un grupo de jóvenes los insulta desde un vehículo.

Un chofer pregunta a sus pasajeros de dónde son. Les dice que, si son chinos, no aborden el auto.


Un hombre se acerca a una familia procedente de Asia en un restaurante. Les grita que se vayan del país.


II.–

Una oleada de agresiones dirigidas a los asiático-americanos, especialmente a los ancianos, pone de manifiesto una epidemia de violencia anti-asiática y la necesidad de que las comunidades trabajen juntas para para contrarrestar las divisiones y los estereotipos raciales y étnicos.



Foto referencial - cottonbro / Pexels


Ante el preocupante aumento de estos casos, activistas y expertos unen sus esfuerzos para forjar coaliciones interétnicas, que permitan combatir la política divisoria que quedó sembrada en los años de Trump, como consecuencia del término “virus chino” y de la culpabilización con la que se cargó a esta comunidad a propósito de la pandemia.


El odio es otro virus


John C. Yang, Presidente y Director General de Asian Americans Advancing Justice (AAJC), afirma que “Lidiamos con dos virus, uno es el COVID-19 y el otro es el racismo, que nos ataca de una manera terrible”.


Revela que más del 75% de asiático-americanos tienen miedo a la discriminación y un 40% de ellos la han sentido. “Es real. Las palabras importan. Hemos tenido todo un año de un presidente hablando del “virus chino”, como si esto fuera una broma. Y la audiencia le aplaudía”.


Yang acota que en realidad no es un fenómeno nuevo. “Hubo 150 mil japoneses estadounidenses encarcelados en la Segunda Guerra Mundial. Siempre se nos ve como foráneos y portadores de enfermedades. Nos tienen miedo”. Explica que se le tiene miedo al coronavirus y cuando hay miedo se busca a quién culpar. “Nos están culpando a nosotros”.


Para Yang, el virus del odio es contagioso. “Debemos lidiar contra este virus juntos, desinfectarnos de él”.


Informa que los diversos grupos víctimas de racismo están trabajando al respecto por separado, pero el racismo es un enemigo común, que se debe enfrentar en conjunto.


Cree que la administración Biden ha iniciado bien. “Esto puede llevarnos a un mejor entendimiento de nuestra comunidad; pero es solamente un paso. Se debe hacer mucho más, invertir en la comunidad”.


El especialista llama a establecer centros de apoyo a las víctimas. “A veces nos centramos solamente en los criminales y cómo castigarlos, pero la víctima necesita atención”. También solicita establecer una conversación culturalmente cruzada. “No nos podemos dejar atrapar en una situación de ‘nosotros contra ellos’”, dice.


Condenar las palabras violentas


Marc Morial, Presidente y Director General de la Liga Urbana Nacional, acusa al odio de ser “una enfermedad que divide”. Y agrega: “Estamos en contra de este esfuerzo por intentar culpar a la gente asiática de lo que estamos pasando en este momento”.


La pandemia ha sido una experiencia estresante para la comunidad afroamericana, latinos, LGBTQ+, judíos y musulmanes, por el clima que se ha creado.


Alerta que la retórica del odio es un gran problema. “Hay una línea muy delgada entre libertad de expresión y hablar con odio. Cuando las palabras llegan a la violencia, hay que condenarlas”.


Afirma que, si con un discurso se afecta a gente inocente, no es apropiado. “Es ilegal y debe ser castigado por el sistema judicial”. Aboga porque se permita el uso correcto del Estatuto de los Crímenes de Odio, para lo cual el liderazgo comunitario debe presionar a los representantes públicos.


Las consecuencias del odio


Manjusha Kulkarni, Directora Ejecutiva de Asian Pacific Policy & Planning Council

(A3PCON), subraya que la reciente ola de racismo anti-asiático está vinculada al COVID-19.


Por ello, comenzaron la campaña “Stop the AAPI Hate” (Detengan el odio contra las comunidades asiático-americanas y del Pacífico), lanzada formalmente el 19 de marzo de 2020.


Dispusieron de formularios en 12 idiomas asiáticos para que los ciudadanos de ese origen denunciaran las agresiones. Se llenaron 2.808 reportes de incidentes de odio durante los últimos 9 meses.


Se reportaron desde 47 estados y el Distrito de Columbia. 56% de los incidentes tuvieron lugar en áreas densamente pobladas, como Nueva York o California; aunque los hay también en áreas rurales o en lugares tan lejanos como Alaska.


Las mujeres han sido 2,3 veces más agredidas que los hombres. El 7% de las víctimas son personas mayores.


La especialista aclara que no se habla de crímenes de odio, sino de incidentes: insultos, poner sobrenombres, prohibirles entrada a lugares o grafitis ofensivos. “Solamente un 10% llega a la agresión física”, revela.


Muchos de ellos no admiten acción de la policía, porque no hay lesiones significativas, y por lo tanto no serán castigados. Sin embargo, el no querer atender a alguien en un establecimiento o sacarlo de un transporte, atenta contra los derechos civiles.


Los números suministrados por Kulkarni detallan que 40% de los incidentes suceden en establecimientos privados y un 30% en las calles. El porcentaje en escuelas es bajo y eso tiene que ver con que están cerradas; pero se estima que aumenten cuando abran.


Entre los gentilicios afectados por los incidentes de odio en Estados Unidos, el chino es el más numeroso, con un 40%; seguido de coreanos, asiáticos multirraciales, filipinos, vietnamitas, japoneses y taiwaneses.


Por su parte, Cynthia Choi, codirectora de Chinese for Affirmative Action y co-creadora del Stop AAPI Hate Center, aporta las consecuencias de la ola de odio hacia los asiático-americanos, quienes según sus palabras “han sido afectados por miles”.


155% es la cifra de aumento de la depresión en estas comunidades, vinculadas a ser responsabilizadas por la pandemia. También son el segundo grupo más golpeado por la pérdida de empleos y el cierre de negocios propios. Irónicamente, muchos de ellos también son trabajadores esenciales.


Además, la pandemia ha coincidido también con políticas anti-inmigrantes, que no solamente han sufrido los asiáticos. Choi detalla que este grupo también ha sido históricamente discriminado y objeto de sesgo, por lo cual se pretende negarle ciertos derechos. “Se nos acusa de ser desleales con este país, que llamamos nuestro hogar”.


¿Cómo responden? “Documentando, dando recursos para los más impactados, trabajando con nuestros aliados y las comunidades, abogando y promoviendo información. Debemos tomar el tema seriamente y crear respuestas”.


Y para cerrar, agrega: “Ofrecemos asistencia legal y trabajamos conjuntamente con el gobierno para promover cambios en las políticas”.


“Crear nuestra propia igualdad”


José Roberto Hernández, de la Alianza de Trabajadores Inmigrantes de Koreatown (KIWA), afirma que lo que estamos experimentando es un shock que se arrastra desde la fundación de Estados Unidos como país, ya que esta se basó en la desigualdad.


“Cuando Obama fue elegido, grupos extremistas de derecha comenzaron a crecer de manera alarmante. Esto dio miedo, porque el contexto de ellos es que los inmigrantes eran violadores y narcotraficantes. Pero el racismo termina siempre afectando a todos”, reflexiona.


“Debemos deshacernos del virus de ‘América primero’. Los ataques que hemos visto nos llevan a concluir que hay gente culpando a quienes no son blancos. ‘Make America Great Again’ significa simplemente que los hombres blancos deben ser quienes manden en este país.


La realidad demográfica estadounidense presenta un 60.1% de blancos para el año 2019; pero para el 2030, esta cifra bajará al 50% o menos, lo cual dibuja a una nación multirracial a futuro.


Al día de hoy, 5,9% de los habitantes de la nación son asiáticos. 18% de la población es hispana o latina y 13,4% de afroamericanos. “Cuando los sumamos, tenemos un 40% y dejamos de vernos como minorías”. Pero agrega: “El problema es que 60% quiere continuar teniendo poder sobre un grupo de población que no se ve como ellos quieren que se vea”.


Su plan de acción, en resumen: “Trabajamos en la integración, pero también en crear poder para ellos en la sociedad y en los lugares de empleo. Tenemos que crear nuestra propia igualdad a través de una estrategia a largo plazo. Hay que cambiar la narrativa. Y la gente responsable de racismo debe ser castigada”.


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