COVID-19 y educación en Estados Unidos: una incógnita


Al día de hoy y ante la realidad de la pandemia del COVID-19, la mayoría de los distritos escolares de Estados Unidos dependen de la educación a distancia o modelos híbridos, de cara al eventual comienzo de un nuevo año escolar.

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Esto supone un reto para educadores y padres. Tanto familias como maestros buscan soluciones creativas, pero hay que ir mucho más allá. ¿Qué se puede hacer para asegurarse de que los grupos vulnerables y los estudiantes de bajos ingresos –que tienen opciones limitadas– no se queden rezagados?

Una crisis educativa en puertas

Pedro Noguera, decano de la Rossier School of Education en la Universidad del Sur de California, asegura que “La pandemia dejó al descubierto las grandes desigualdades en nuestra sociedad, y especialmente en la educación”.



Pedro Noguera


Subraya que millones de estudiantes no pueden participar en el hecho educativo en este momento, porque no tienen servicio de internet en sus casas. Adicionalmente, revela que muchas escuelas no estaban preparadas para lo que ocurrió.


“No dieron guía adecuada a los profesores sobre cómo usar la tecnología o impartir instrucciones útiles a los chicos. Nuestros jóvenes mas vulnerables, como los especiales, los que están sin hogar o quienes viven en hogares sobrepoblados, tienen desventajas aún mayores”.


Cree que los hacedores de políticas han entendido que no se puede reabrir la economía sin abrir las escuelas; “Pero no tenemos guía del gobierno federal o de los estados, por lo cual cada distrito escolar tiene que ver por sí misma cómo lo hace”.


“Esto ha creado un problema grande en todo el país”, afirma. Añade que los sindicatos de maestros han anunciado que irían a huelga si sus miembros son obligados a trabajar en estas condiciones. “No hay fondos para abrir las escuelas con suficientes medidas de seguridad”. Prevé por lo tanto, una posible crisis en la educación.


Refiere que los países que han abierto prematuramente sus escuelas han visto un aumento en los casos de COVID-19, como Israel. “Otros países lo han hecho bien, como Nueva Zelanda, Dinamarca y Canadá”.


El decano Noguera considera que la pregunta en este momento es cuándo emergerá un liderazgo que pueda manejar la reapertura de las escuelas de manera apropiada y segura.

Atención a grupos de mayor riesgo

Shaun R. Harper es director ejecutivo del USC Race and Equity Center y ha leído planes para abrir las escuelas K-12, así como colleges y universidades. ¿Su mayor preocupación? “Ninguno de estos planes toma en cuenta las disparidades raciales” y esto, según él, podría afectar a los más vulnerables desde ese ese punto de vista, como ya lo hemos visto en otros aspectos de la pandemia.



Shaun R. Harper


Alerta que “Los efectos han sido devastadores en las comunidades de color”. Y continúa: “Tengo miedo de que estos planes dejen intactas las desigualdades en el sistema educativo”.

Considera que hay cinco cosas que educadores, líderes escolares, políticos y periodistas deben tener en cuenta en esta situación. “La primera es brindar apoyo para el trauma y el duelo, especialmente teniendo en cuenta lo golpeadas que han sido las comunidades afroamericanas”.


La segunda es recordar que todas las industrias estadounidenses están estratificadas. “La gente de color es la menos compensada y pagada, la que tiene menos poder”. Recuerda que esto también sucede en el sistema educativo y que, por lo tanto, los custodios, el personal de piso y de comida, quienes son mayoritariamente afroamericanos y van todos los días, “están expuestos desproporcionadamente a contraer el virus”. Solicita que se hagan pruebas y seguimiento a todas las minorías étnicas que corran este riesgo.


En tercer lugar, afirma que los estudiantes de menores ingresos no tienen acceso a internet y wifi confiables, por lo cual la enseñanza on line debe poner atención a esta brecha.


Harper también advierte sobre lo que llamó “el horror” del aumento de la violencia contra los asiático-americanos desde el mes de marzo, según estudios sobre el tema. “No hay planes para protegerlos, los vamos a estar exponiendo al regresar a las clases”. También señaló que “No ayuda un presidente que llame al COVID-19 ‘la gripe asiática’ o ‘el virus chino’”.


Finalmente, lamenta que no haya habido tampoco consultas con otras comunidades, como la latina o la nativa indígena estadounidense. “Se necesita el feedback y consejo de todos. De lo contrario, esta situación exacerbará la desproporción racial”, afirma para concluir.

Otro impacto en los jóvenes

La profesora Mary Helen Immordino-Yang considera que el aislamiento genera otros problemas: estar demasiado tiempo en línea cambia la manera de interactuar con otras personas y con la información.



Mary Helen Immordino-Yang


Es docente de educación, psicología y neurociencia en el Instituto de Cerebro y Creatividad, así como también en la Escuela Rossier de Educación de la Universidad del Sur de California.


Explica que los niños y jóvenes usan el mismo sistema cerebral para aprender y para lidiar con los imprevistos de su vida cotidiana que los estresan. Por lo tanto, el evento de la pandemia está compitiendo contra el aprendizaje por obtener un lugar en la atención de los estudiantes.


“Se están perdiendo elementos que se dan por descontados, como el contacto visual o registrar el estado fisiológico de otras personas, claves que hacen entender la interacción y que son parte del aprendizaje en el sistema tradicional”.


Detalla que los estudiantes que no están acudiendo a los centros educativos no se sienten parte de la comunidad, no son miembros valorados, lo cual es una fuerza valiosa en el desarrollo de los jóvenes.


Sin embargo, la profesora Immordino-Yang aporta propuestas para mitigar la crisis en el sector educación: “Hay recién graduados de la escuela secundaria que no podrán incorporarse a la educación superior este otoño. Ellos pueden convertirse en tutores y ayudantes de docencia en esta coyuntura, bajo la guía de maestros. Una de las mejores maneras de aprender algo es enseñando”, afirma.


También quienes van en niveles superiores pueden ayudar a su comunidad y sentir que son valiosos con sus habilidades adquiridas. “Cuando das, se devuelve hacia ti, tienes un propósito y el propósito es algo que se ha perdido en este aislamiento por el virus”. Subraya que estos jóvenes de secundaria pueden contribuir con vecindarios y comunidades.

Un modelo de apertura seguro

Dan Domenech, director ejecutivo de la Asociación de Superintendentes de Escuelas (The School Superintendents Association, AASA), piensa que parte del problema han sido las contradicciones entre el Center for Disease Control y la actual administración, ya que los primeros abordan el asunto desde una perspectiva de salud, mientras los últimos desean una apertura total de la economía, a cualquier costo.



Dan Domenech


“Las guías del CDC no son claras y presionamos para que nos las suministren desde el principio. Las reaperturas de las escuelas deben darse desde una perspectiva segura para la salud de todos, tanto estudiantes como equipo de trabajo”.


Se han dado tres modelos de apertura, el más popular de los cuales es un híbrido que propone, para tratar con los asuntos de espacio en las escuelas, que una parte de los estudiantes reciban clases on line, mientras otros acudan físicamente, en un cronograma que garantice que todos tendrán algunos días de presencia físca en los planteles.


Los otros modelos son extremos: enseñanza totalmente remota o regresar físicamente, lo cual impediría un distanciamiento adecuado.


Algunos estados habían decidido abrir, pero hoy eso ha cambiado dramáticamente por el repunte del coronavirus y escuelas de Florida, Georgia, Alabama y Texas, entre otros estados, están volviendo al plan remoto.


“Queremos a los chicos en los edificios, pero eso requiere dinero. Hay que trabajar con nuestros representantes, demócratas y republicanos”.


Domenech calcula que una apertura segura costaría 490 dólares por estudiante. El monto ascendería a unos 200 billones para proveer lo que se necesita, desde salud e higiene hasta tecnología.


“Hay que proveer de línea telefónica e internet a todos los hogares. El gobierno federal debería poner el dinero”. Y concluye: “Se debería hacer una enseñanza predominantemente remota hasta que la situación mejore”.

Enfrentando las desigualdades

Eddie Valero es supervisor del Distrito 4 del condado de Tulare, donde pertenece a la Junta de Supervisores del Condado, ubicado en el corazón del Valle Central, “En el corazón de California”, como él mismo dice.



Eddie Valero


“El aprendizaje a distancia no se puede realizar con el mismo nivel de calidad para todos los estudiantes”. Comienza considerando las desigualdades en la región, lo que necesitan y lo que les hace falta. Recuerda que muchos ya tienen una gran carga luchando contra el día a día para sobrevivir.


“Algunos no tienen agua potable corriente desde hace 10 años y deben depender de botellas de agua compradas”.


Su acceso a banda ancha es apenas uno de los muchos vacíos en sus casas. No hay infraestructura de internet.


Valero alerta que “Hemos alcanzado el momento de pivote en el cual tenemos que ver cómo lucirán las escuelas en el futuro, debemos creer en lo mejor para ellos”.


Asegura que “Vamos a dar un paso atrás y tomar un respiro antes de adelantar. Acceso y oportunidad deben estar presentes para todos los estudiantes en el estado, debemos presionar a nuestros legisladores estadales para que haya un impacto positivo en el acceso a banda ancha y en el aprendizaje a distancia”, no solamente para las escuelas sino para las comunidades en general, que también necesitan acceso a la tecnología.

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