¿Derecho al voto o supresión del voto?

Este es un momento de "ahora o nunca" para la democracia estadounidense, como dijo un legislador de Texas después de abandonar la legislatura estadal, para bloquear la aprobación de un nuevo proyecto de ley dirigido a restringir el voto.


Al menos así lo piensa un sector de los estadounidenses, quienes siguen en polémica por el terreno movedizo que existe entre blindar el derecho al voto y las prácticas de supresión del mismo.


Los defensores del derecho al voto informan sobre la situación, en medio de una oleada de nuevas leyes que pretenden dificultar este derecho, así como obstaculizar la ley “For The People”.


Según estos voceros, perfeccionar el acceso a la democracia en EE. UU. va desde el acceso a las urnas hasta poder elegir representantes que realmente representen y sean efectivos, mediante una redistribución justa de los distritos electorales.



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Mimi Marziani, presidente de Texas Civil Rights Project, afirma que “Quienes hacen las leyes tratan de hacerlo más difícil”.


La vocera relata que ha pasado toda su carrera tratando de mejorar la democracia, para que sea más participativa. Según ella, hay mucha gente que también está trabajando en esto.


“Hay líderes de negocios, economistas, gente en las iglesias, no quieren que suceda esto después de la pandemia que hemos vivido. También existen republicanos que dicen que todo esto no tiene sentido, que no quieren que pase”.


Para Marziani, estamos ante un movimiento diverso y multifacético. “Si esto no funciona, va a empeorar”, advierte.





Una lucha que se está ganando





Alex Gulotta, representante de All Voting is Local Campaign, en Arizona, recuerda que “La participación cívica comienza al día siguiente de la última elección. Cuando la gente entienda eso, es posible que podamos llegar allí. Hay que comenzar a participar desde las primarias”.


Cree que “En este momento la democracia está ganando, aunque hay una serie de luchas que se están librando”. Y aclara que no es un enfrentamiento entre demócratas y republicanos, “sino entre quienes creen en la democracia y los autoritarios. Es un asunto de valores”.


Asegura que las más recientes elecciones presidenciales tuvieron una participación histórica, en medio de la pandemia del siglo.


“En Arizona se incrementó la participación de gente de afroamericanos en 11%, a pesar de haber sido tan afectados por la pandemia. Los asiático-americanos crecieron en 17%, los nativos en 8% y los latinos en 5%”.


Agrega que, en Nevada, los votos de los nativos americanos se incrementaron en un 25%, “y hay que tener en cuenta que fueron la comunidad con más muertes per capita por COVID-19 en el mundo”.


Pero, según él, “se busca silenciar la voz de los votantes, financiado por dinero sucio que no sabemos de dónde viene”.


Denuncia que se crean barreras al registro de los votantes en Florida, estado donde también se purgan las listas de votos por correo y se limitan los buzones; al igual que en Georgia. En este último estado se restringe el voto anticipado. “Se están socavando todas las herramientas que nos llevaron a la participación histórica en 2020”, lamenta.


Gulotta señala que “También vimos la utilización de poder político para tratar de cambiar los resultados, como sucedió en Arizona y Georgia. Se amenazó a los oficiales electorales, se trató de limitar el conteo de votos”.


Sobre aspectos positivos, cita que en Nevada se acaba de pasar un proyecto de ley sobre el derecho al voto. Contienen una disposición para que todos los votantes activos registrados reciban una boleta por correo.


“En Arizona, muchos reciben sus boletas por correo dese hace 20 años. En las pasadas elecciones la cifra ascendió al 88%. Mucha gente revisa la boleta con su familia, porque es complicada. Estudiarla con tiempo ayuda a tomar buenas decisiones para la democracia”, relata el vocero.


Sobre las acusaciones de una elevada posibilidad de fraude en el voto por correo, afirma que es una propaganda que se ha hecho por años, pero que no existen pruebas al respecto. “No hay nada malo en el voto por correo, hay maneras de asegurarlo”. Complementa diciendo que es un proceso científico que funciona y las boletas no se pueden duplicar.


Explica que buscan datos y se comunican para lograr el mayor nivel de acceso posible. “Es un proceso que estamos llevando a cabo desde ahora para las elecciones del año 2022”.


Llama a presionar para que se apruebe la legislación federal que garantice normas mínimas para el voto, mientras se educa y moviliza a las comunidades. “Las elecciones de 2022 deben ser más exitosas que las de 2020”, sentencia.





Los matices de un problema





Elizabeth Hira, Becaria Spitzer y asesora política en el Brennan Center’s Democracy Program, recuerda que hay 2 leyes federales, la primera está en el senado y se va a votar pronto. Son la S-1 o Ley para la Gente y la HR2, que interactúa con la primera en pro de la democracia estadounidense.



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Adelanta que “Son más de cien páginas, porque hay mucho que arreglar. El Congreso está haciendo su trabajo”.


Este proyecto de ley tiene 2 años y ha sido mejorado, según la especialista. Es prioritario y cuenta con el apoyo del presidente y la vicepresidente. Entre otras cosas, esta legislación aborda el registro automático de votantes y el registro el mismo día. Ambos existen ya, pero al reforzarlos se atraería a votantes jóvenes, de acuerdo a Hira.


Y agrega: “Hay que resolver el hecho de que 10 estados no tiene registro de voto en línea. Tenemos que asegurarnos de la participación de todos los estadounidenses”.


En el contexto de derechos civiles, considera que hay que avanzar con el trabajo que se ha hecho desde 1965, con la Ley de Derecho de los Votantes. “Ahora la discriminación es diferente”, advierte.


Pone como ejemplo que, en Carolina del Norte se discrimina a los afroamericanos y a los nativos americanos. “En Dakota del Norte les solicitan una identificación con residencia y no la tienen. Por ello no pudieron votar”, denuncia.


Hira destaca que no es un asunto netamente racial. “90% de mujeres estadounidenses cambian sus nombres cuando se casan o se divorcian, esto dificulta su documentación de identidad. Lo mismo sucede con los estadounidenses transgénero. No lucen como se supone que deberían lucir y por ello se cuestiona su identidad y se les impide votar”.


Ejemplifica explicando que “Tenemos el Congreso más diverso en la historia, pero es 77% blanco y 73% de hombres. La mayoría de los miembros del Congreso son millonarios, eso explica por qué los asuntos que preocupan a la gente común no están allí”.


La experta aconseja que, para tener una democracia inclusiva, hay que hacer cambios estructurales. “Debemos ser transparentes en asuntos financieros vinculados a la política, se necesitan reformas en este sentido”.


Para ella, este es un momento sin precedentes en la historia de Estados Unidos, por la enorme participación que tuvo la reciente elección. Y considera que la gente participa cuando siente que su participación tiene un impacto. “Los milagros son posibles. Estamos muy cerca de lograr cambios”.

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