El drama de los suicidios en Miami

El suicidio es la segunda causa de muerte entre las personas de 10 a 24 años en los Estados Unidos. ¿Qué deben saber las familias y los amigos de las personas con problemas de salud mental para apoyar eficazmente? ¿Qué papel desempeñan los estigmas culturales sobre las enfermedades mentales para evitar que la gente busque ayuda? ¿Cuáles son las lagunas del sistema de atención a la salud mental que hay que cubrir?



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En mayo, Mes de la Conciencia sobre la Salud Mental, la National Alliance for Mental Illness (Alianza Nacional para la Enfermedad Mental), intenta responder estas inquietudes. NAMI Miami-Dade cubre a Miami y los Cayos de Florida y ofrece servicios gratuitos.


Susan Racher, presidente de la Junta Directiva para este condado del sur de Florida, explica que se trata de un programa de prevención y apoyo persona a persona, facilitado por voluntarios entrenados que tienen experiencias al respecto en sus propias vidas. Se apoya con campañas de TV, radio, redes sociales, mensajes por texto y conferencias de prensa.


El problema en cifras


La creciente tendencia de suicidios empezó con el nuevo milenio. Según NAMI, la tasa en Estados Unidos subió 35% desde 1999. Un 90% de la gente que ha muerto por suicidio ha tenido problemas de salud mental; pero muchos de ellos no fueron tratados.


Al día de hoy, 4,9%de la gente ha pensado en suicidio, eso es aproximadamente un millón de personas en Florida.


En el 2020, 46 mil personas murieron por suicidio en el país; pero 12,2 millones pensaron al respecto, 3,2 millones hicieron un plan y 1,2 millones trataron de suicidarse.


“Hay 26 intentos por cada ocurrencia fatal”, revela Racher. “Esto puede terminar en discapacidad permanente, además del trauma para sus familiares”. Por cada suicidio, 135 personas de su entorno son afectadas.


Según los Centros para el Control de las Enfermedades (CDC), un 20% de los estudiantes de escuela secundaria pensaron en suicidarse e hicieron un plan. La cifra sube a 40% en jóvenes LGBTQ+ y su tasa de suicidio es 12 veces mayor. Niños negros de 5 a 12 años tienen dos veces más probabilidades de cometer suicidio, comparados con sus pares blancos. En 2020 hubo 6 mil suicidios en jóvenes menores de 24 años.


De acuerdo a una encuesta de 2021 citada por la organización, 41% de los jóvenes de Florida tenían sentimientos persistentes de tristeza. “En 2020, tuvimos en Florida 3 mil 113 suicidios”, afirma Susan. Desde 2017 se han incrementado en 20%.



Cómo se puede ayudar


Daphney Michel es Consejera de Jóvenes y Familias en Sant La Haitian Neighborhood Center y miembro de la Junta de NAMI Miami-Dade. Sirve a comunidades de Haití, hispanos y de color.


Desde su experiencia, “La sensibilidad cultural, el darse cuenta del origen de una persona y de su entorno, es muy importante. Parte del apoyo es el involucramiento de la familia”.

Para su trabajo es clave comunicarse y evaluar permanentemente, con el fin de monitorear que no haya situaciones que puedan conducir al suicidio.


En cuanto a los inmigrantes, se dice que deben acostumbrarse a Estados Unidos. “Esto puede causar depresión y ansiedad”, según Michel.


Refiere el caso de una niña de Haití que vive en Miami con su padre y quiere ver a su mamá, quien permanece en el país de origen. Esto no es posible por diversas situaciones y la menor siente tristeza.


“Necesitamos tener empatía con personas que están en una situación delicada. En las comunidades también ha subido las tasas de homicidas”. Detalla el caso de una mujer que mató a dos de sus hijos y el tercero quedó en custodia. “Hay que habla si se ve algo que llame la atención”, aconseja.


“Somos una red de proveedores, tenemos 60 en esta comunidad. Los grupos de apoyo ayudan a la gente a navegar el sistema, pueden ser el puente”, señala Racher.



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Agrega que hay mucha desesperanza debido a la pandemia y que esto ha afectado de manera desproporcionada a personas de color. Afirma que está bien hablar de la salud mental. “Debemos normalizar esta conversación”. Insiste en que es importante tratarse y educarse.


“Desde NAMI tratamos de lidiar con eso a través de recursos e información”. Los problemas de salud mental son tratables, pero el acceso tiene grandes barreras. “Una muerte ya es demasiado. Hay que prevenir, hablar sobre el tema y educar a la comunidad. Podemos salvar vidas juntos”.


LeSueur por su parte, anima a proporcionar capacitación para la gente. Así pueden reconocer factores de riesgo y señales para poder intervenir.


“Es como un tratamiento de primeros auxilios, se ayuda a alguien que está en crisis. Pero hay que hacerlo antes de que ocurra la emergencia, identificar los riesgos de suicidio para poder ser un guardián”.


Se trata de crear puntos de conversación de manera empática. No es terapia, porque esto se reserva a profesionales; pero una amistad, un familiar o un colega pueden participar de manera importante a través de una conversación.



Testimonios personales


Susan Racher relata que su hijo Matt tuvo problemas de salud mental. Cayó en un estado de psicosis severa tras el suicidio de un amigo de la escuela. “Esto fue un detonante muy serio”, recuerda.


Al final lograron resiliencia porque conectaron con un grupo de gente que los entendió.

“Pudimos apoyar como familia la recuperación de Matt. Hay que dejar de lado la vergüenza y el estigma”.


Ahora Matt aboga por otras personas, trabaja por gente que no tiene dónde vivir en Miami.

La reverenda Lisa LeSueur es coordinadora de Prevención del Suicidio, NAMI Miami-Dade y Pastora en Coral Gables Congregational Church. Su pareja se suicidó con un arma. Ella había estado pasando por problemas, tenía ataques de pánico. “Ese día me sentí muy sola, no podía conversar con nadie por el estigma”, confiesa.


Cuando estaba en la escuela del seminario se preguntó qué podía hacer por la salud mental de la gente. En la iglesia aprendió sobre el trabajo que se está haciendo en la comunidad al respecto.


“Me preguntaba si hubo señales que no vi. Mi pareja había recibido tratamiento y tenía medicación, sabíamos que ella pensaba en el suicidio. He debido tener herramientas para hablar con ella”, se lamenta.


“Ahora soy madre de una niña de 13 años y las cifras de suicidio en los niños me parecen alarmantes”. Le inquieta que la disponibilidad de terapeutas haya empeorada a raíz de la pandemia.


Celia Morales, Directora de Programación en NAMI Miami-Dade, tiene cinco niños, de los cuales cuatro tienen trastornos de salud mental. “Uno de ellos desarrolló ansiedad severa a los cinco años. Lo pusimos en tratamiento, tenía también una discapacidad de aprendizaje”.


Reconoce que la intervención temprana lo ayudó mucho. Ha aprendido a vivir con la ansiedad y ahora se está graduando en un college.


“A una de mis hijas menores tuvimos que detenerla para que no saltara de una ventana. Tenía depresión con trastorno psicótico”.


Su hija de 16 años también comenzó a cambiar de comportamiento. Lo atribuyeron a la ansiedad de la adolescencia. A los 12 años no quería salir del cuarto y dormía mucho. Luego empezó a consumir drogas y se alejó de la gente. Ahora va a terapia, aún tiene problemas de salud mental.


“Como madre, les digo que es una experiencia de dolor. Vine a NAMI porque me sentía muy sola, necesitaba información, conocimiento, educarme. Esto es un maratón para el resto de mi vida”, confiesa.


A veces ellos le preguntan por qué son así. “Les digo que no están rotos. Solamente son diferentes. No tienen por qué cambiar para el mundo, sino aprender a existir. Hay una comunidad de aceptación. Se puede volver a tener esperanza”.




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