Gay y católico: ¿es posible?

Actualizado: 14 de jun de 2020

Tras un divorcio entre religión y sexodiversidad que se pierde en el tiempo, por estos días parecen estarse acercando diversas manifestaciones eclesiásticas y espirituales con personas que viven de una manera diferente a la heterosexualidad vista como tradicional, y que reivindican su derecho no solamente a una vida espiritual, sino a un espacio en las religiones en las cuales creen.


Foto: Pixabay


En mayo, el diario ABC de España recogió las polémicas declaraciones del ministro de Sanidad alemán, Jens Spahn, quien nunca ocultó su homosexualidad y el pasado mes de diciembre se casó con el periodista Daniel Funke. Causó un gran revuelo su declaración en la que afirma: “soy gay y soy católico, y no veo ninguna contradicción en ello”.


Fue en una entrevista al semanario Die Zeit, donde el político de la Unión Cristiano Demócrata de Merkel y de 37 años de edad aseguró que “estoy convencido de que Dios me acepta tal y como soy porque mi fe es tan normal para mí como mi homosexualidad”, y añadió que no puede aceptar la homosexualidad como un pecado de acuerdo con los preceptos de la fe cristiana. “No hay nada que lamentar. Después de todo, yo no elegí mi homosexualidad y tampoco le hace daño a nadie”.

Según el portal de CNN, Juan Carlos Cruz, un sobreviviente de abusos sexuales por el clero en Chile, que fue invitado del Vaticano, dice que él y el Papa Francisco también discutieron la sexualidad de Cruz. Él es gay.

Según Cruz, el papa le dijo: “No importa, Dios te hizo así, Dios te ama así”. El Vaticano no confirmó ni negó las palabras de Francisco, asegurando que “normalmente no se comentan las conversaciones privadas del Papa”.

Sin embargo, la enseñanza oficial de la Iglesia católica sobre la homosexualidad dice que “la inclinación homosexual es objetivamente un desorden” y las parejas del mismo sexo no pueden casarse en la Iglesia católica. Así, aunque las palabras y gestos de Francisco a veces parecen dar el mensaje de “está bien que seas gay”, aparentemente contradicen las reglas de la iglesia que él gobierna. Una interpretación es que a Francisco le gustaría cambiar esas normas, pero no puede. La resistencia conservadora es demasiado fuerte. Sin embargo, tuvo eco aquella frase que se le atribuye: “Si una persona busca a Dios, es de buena fe y es gay, ¿quién soy yo para juzgar?”.

Sin embargo, el Vaticano se negó recientemente a apoyar una iniciativa presentada ante las Naciones Unidas para acabar con las aberrantes leyes de algunos países que permiten encarcelar o condenar a muerte (como Irán o Arabia Saudita) a las personas por el hecho de ser homosexuales. Entonces, ¿qué pensar?

La periodista Dora Amador reseña en El Nuevo Herald de Miami  que el cardenal de Newark recién nombrado por el Papa Francisco, Joseph E. Tobin, celebró una misa en junio para los miembros de la pastoral gay A imagen de Dios (In God’s Image) de la parroquia Sagrado Corazón, en Nueva Jersey.

Cuenta la nota que el cardenal, “encantado” de oficiar misa para ellos y darles la comunión, los fue recibiendo en la puerta y dándoles la mano a medida que entraban. Eran muchos, porque además habían asistido otros grupos gays católicos de Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut. La eucaristía concelebrada por otros cinco sacerdotes, hizo noticia en todo el país al tratarse de un cardenal que anuncia la buena noticia de que en su diócesis los gays católicos cuentan con una iglesia que los ama y los recibe con respeto, amor y solidaridad.

Mientras tanto, se multiplican las agrupaciones gays católicas que crecen espontáneamente, como idealist.com, con sede en Buenos Aires y que en su declaración de principios escribe: “Somos un grupo de creyentes cristianos católicos que comparten una misma fe en Jesucristo y una misma sexualidad, la homosexual. Igualmente compartimos una misma identidad y una misma familia: la Iglesia Católica. Nos unen los lazos de fraternidad y de servicio”.

El tema es complejo, polémico y tiene mucha tela que cortar. Sin embargo, no deja de ser contradictorio que algunos de quienes dicen existir para trabajar en pro de la unión y el amor, se dejen ganar por la división y el odio. Una diatriba que vale la pena seguir y que nos puede dejar interesantes enseñanzas en el camino.

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