La pandemia COVID-19: un golpe para las mujeres

A medida que las semanas y los meses avanzan, podemos ir entendiendo mejor las repercusiones que la pandemia del nuevo coronavirus COVID-19 va dejando en el mundo que conocíamos.


Y lo que es peor, nos vamos dando cuenta de que estas huellas van a tardar en desaparecer. O quizá es cierto que nos cambiaron para siempre.



Foto: Valter Cirillo (Pixabay)


Una de las consecuencias más recientes en ser detectadas es el daño a las mujeres, a propósito de las disparidades que las afectan negativamente como integrantes de las más diversas sociedades.


En todo el mundo, ellas son responsables de la mayor parte de las tareas domésticas no remuneradas y de los cuidados a terceros que no pueden valerse por sí mismos, como niños y ancianos; además de ejercer paralelamente un empleo remunerado.


Desigualdades más agudas


La distribución desigual del trabajo casero afecta a las oportunidades económicas de las mujeres, así como el tiempo de su descanso y compromete además su poder de sacar más ventaja de su remuneración.


El COVID-19 está aumentando el tiempo que debe dedicarse a las tareas domésticas y al cuidado de terceras personas, y las mujeres son las que más probabilidades tienen de verse obligadas a manejar esta carga de ocupaciones adicionales.


Todo ello afecta no solamente su tiempo productivo, sino también el de ocio y descanso, con consecuencias para su salud física y mental.


Esta exposición es parte de un trabajo realizado para la Universidad de Notre Dame por la profesora Estela Rivero, asociada de investigación del Instituto Plute para el Desarrollo Global, perteneciente a la Escuela Keough de Asuntos Globales.


Te Lo Cuento News pudo conocerla a través de una videoconferencia para medios de comunicación organizada por Ethnic Media Services, a propósito del impacto de la pandemia en las mujeres.


Esta vocera subraya que, al tener las mujeres mayor propensión a permanecer en casa, también están mucho más inclinadas a recibir cualquier carga extraordinaria de trabajo no remunerado que aparezca inesperadamente en el hogar, como es atender los casos de las personas que hayan enfermado con el nuevo coronavirus y deban guardar reposo. También se le suma la de los pequeños que permanecen en casa por el cierre de las escuelas.


“Debemos comenzar a considerar que estas ocupaciones son un trabajo”, afirmó.


Como conclusión ante estos datos, podemos asegurar que en todo el mundo las mujeres trabajan más horas que los hombres.


Por si fuera poco, la especialista concluye que la pérdida de empleos durante esta crisis parece haber afectado mayormente al sexo femenino.


Pandemia, mujeres y hogar


Si bien aún no hay estudios específicos sobre cómo el coronavirus ha recargado de trabajo casero a las mujeres, la profesora Rivero ofreció estadísticas sobre cómo las afectan en México los niños que dejan de ir a la escuela por algún motivo y los miembros de la familia que están enfermos.


Los primeros requieren aproximadamente 3 horas adicionales de atención directa, unas 3 horas extra de supervisión y le restan a la mujer un promedio de 4 horas de trabajo remunerado por semana.


Cuando un familiar enferma, requiere un aproximado de 10 horas de atención directa por semana, 4 adicionales horas de supervisión e impide a las jefas de familia realizar 4 horas de trabajo remunerado semanalmente. Por si fuera poco, les resta 5 horas semanales de sueño y ocio.


En comparación, los hombres no afrontan cambios en su rutina cuando hay niños del grupo familiar que no están asistiendo a la escuela. Sin embargo, cuando se trata de un pariente con problemas de salud, sí deben sumar 3 horas de tareas domésticas por semana, 5 horas de atención directa al enfermo y restar 5 horas semanales de su sueño.


En conclusión, estas dos circunstancias –que se han complicado exponencialmente por el COVID-19– recargan de mayores responsabilidades a todos los miembros de la familia; pero el peso tiende a recaer mayormente en las damas.


Como una nota positiva, la investigadora destaca que el aumento del tiempo que todos pasan en el hogar puede ayudar a que el trabajo de las mujeres sea más visible, lo que puede conducir a una redistribución más equitativa en un futuro próximo.


Se retrocede en los logros alcanzados


“De muchas maneras, el COVID-19 agrava situación de las mujeres discriminadas en sectores sociales, culturales, de empleo y políticos”.

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La afirmación pertenece a la doctora Beatrice Duncan, consejera de política Rule of Law para UN Women, entidad de las Naciones Unidas dedicada a la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.


Y agrega: “Estamos en una situación en la cual los derechos de las mujeres y sus avances están retrocediendo seriamente”.


Explica que las mujeres en cuarentena estan siendo relegadas a oficios del hogar que las dejan encerradas en el mismo ambiente de los abusadores. “Ha crecido la violencia doméstica y son abusadas no solo por sus compañeros, sino también por sus hijos adolescentes”.


Para empeorar la situación, la vocera recuerda que los policías son parte de la primera línea de respuesta y no pueden protegerlas de inmediato.


Entre los múltiples aspectos que afectan al sexo femenino, recuerda que las cortes están cerradas en este momento. Sus casos están en paralizados, no reciben órdenes de protección ni tampoco el dinero que les corresponde a ellas o sus hijos.


En algunos países donde las cortes no funcionan, hay otras vias como los celulares, internet e incluso whatsapp. Pero muchas mujeres no tienen acceso a la tecnología. Aún en países tecnológicamente actualizados, hay mujeres que no se benefician de ello por no tener acceso o no saber manejar los equipos necesarios.


La doctora Duncan afirma que “Si yo mantengo mi casa 24 horas no me pagan por hacerlo y tampoco puedo ganar dinero trabajando. Sin embargo, si contrato a alguien para que lo haga por mí, sí tengo que pagarle”.


Esto a propósito de que, según los datos que ella maneja, hay cierre de escuelas en 77 países; lo cual lleva a que existan 1.5 mil millones de niños afectados. Muchas de sus madres deben cuidar de ellos en casa.


También apunta a que las áreas de servicio de la economía son las más afectadas, como por ejemplo el turismo. Y es justamente allí donde consiguen más trabajo las mujeres.


Adicionalmente le inquieta que en estos tiempos “No reciben servicios de salud sexual o reproductiva. Hay países donde las tasas de mortalidad maternal son muy altas; y en cuanto a Estados Unidos son superiores en mujeres de minorías vulnerables”.


Respecto a otras formas de violencia contra la mujer, como la mutilacion genital o matrimonios de menores de edad arreglados por sus padres, las agencias que velan por ellas no pueden protegerlas por la cuarentena, ya que no están en alerta.


De nuevo según sus números, afirma que 144 mil mujeres en el mundo han enviudado. “Son madres solteras. Pueden no tener derecho a heredar por leyes de sus países y quedar sin protección”. Refiere que una de cada cinco mujeres del mundo están privadas de derechos de herencia, que sí poseen los hombres de las mismas naciones.


Para concluir, llama la atención sobre las tareas más urgentes por estos días: “Monitorear cercanamente la situación en países donde trabajamos, emitir alertas de género, ciber-organizar a la sociedad”.


Rol doble


Nicole Mason, presidenta y Directora General del Instituto de Investigación de Políticas de la Mujer (IWPR), expuso la fragilidad de las madres como trabajadoras, cuidadoras primarias y sostenes de la familia durante el COVID-19 en los Estados Unidos.


Entre las situaciones que más las afectan, la principal es el alto desempleo, que asciende a más de 30 millones. Hay que tomar en cuenta que ellas representan el 51% de la fuerza laboral. “Están sobrerepresentadas en sectores como servicios, salud, educación y hospitalidad. Por si fuera poco, el desempleo las afecta mayormente que a sus pares del sexo masculino y ya el desempleo en mujeres ascendía a 15% antes del COVID-19”.


Para quienes tienen la suerte de conservar su empleo, las cosas tampoco están fáciles.

“Las mujeres que pueden quedarse trabajando en casa, tienen que cuidar a otros miembros de la familia simultáneamente, como a los niños. Quienes no pueden laborar en casa deben hacer decisiones rudas, porque tiene que cumplir con 40 horas de trabajo, más las demandas de cuidado de la casa”.


Especialmente afectadas se ven las madres solteras, que son quienes ganan el sueldo principal de la casa. “Ellas venían luchando desde antes de la pandemia contra la desigualdad de los sueldos, donde existe una brecha”. Agrega que también tienen menos dinero y menos ahorros. Al respecto, apunta que se refiere a una situación global, no solamente en los Estados Unidos.


También apunta una realidad demoledora: “Cuando esto termine, muchos trabajos no van a volver”.


Enrre las medidas para la recuperación, considera que una muy importante sería crear guarderías en lugares de trabajo, ya que muchos de estos establecimientos permanecerán cerradas y no volverán a abrir. Por ello, sería de enorme ayuda que los empleadores ofrecieran este servicio a las mujeres trabajadoras.


Venciendo adversidades históricas


Por su parte, la doctora Kirsten Swinth, profesora de historia de la Universidad de Fordham, ofreció una charla en perspectiva, señalando ejemplos de cómo la pandemia de 1918 impactó a las mujeres.


Para comenzar, asegura que aquel evento abrió la puerta para avances. “En la pandemia del 18, muchas mujeres limpiaron y mejoraron las ciudades con su labor de enfermeras para la llamada ‘gripe española’ de aquel año, igual que los están haciendo hoy”. Recuerda que la enfermería es una profesión dominada por el sexo femenino. “Por aquel entonces se estaban desarrollando laboralmente, era de las pocas profesiones para las damas”. Esta ocupación clave era ideal para ellas, pues eran las encargadas de proveer la alimentación, el cuidado y el confort de quienes estaban aquejados por los malestares.


Como episodio histórico de gran interés, relata que existían docenas de miles de enfermeras y que fueron divididas en dos grupos: uno atendió al ejército y otro fue destinado a casas.


Sin embargo, en aquellos tiempos de segregación, las enfermeras afroamericanas eran destinadas a casas y hospitales afroamericanos. La regla se rompió porque el ejército estaba urgido de más atención y finalmente le fueron asignadas 18 enfermeras de ese grupo.


Un dato que vale la pena resaltar es que la pandemia y la Primera Guerra Mundial se solaparon, lo cual supuso un reto adicional para las enfermeras y trabajadoras en general de aquellos años. Unos tiempos en los cuales también resultaron claves las mujeres que ejercieron voluntariados en estos oficios.


Otro período histórico de crisis que modificó las relaciones de la mujer con la sociedad fue la depresión de los años 30, con la cual se pueden establecer ciertos paralelismos en la actualidad, debido a la elevada tasa de desempleo.


La doctora Swinth apunta que “En los años 30 las mujeres desempleadas permanecieron invisibles, porque se suponía que ellas deberían tener un hombre que las mantuviera”. Las damas que se arriesgaban a empezar a trabajar por aquellos tiempos, recibieron muestras de hostilidad; especialmente las afroamericanas, a quienes se debe que por esos años se haya registrado un 300% de crecimiento de los sindicatos de mujeres, ya que la mayoría fueron creados por ellas.


Otras acciones a destacar son las madres que se organizaron contra el alto costo de la vida. Adelantaron acciones como boicots a productos o movimientos para evitar los desalojos por falta de pago de las viviendas.


Como conclusión, la vocera asegura que la pandemia de los años 18 y 19 mejoró el ejercicio de la medicina. Refiere que fue un evento histórico “Horrible y hermoso a la vez”. según el testimonio de una enfermera de la época. Lo mejor para ellas fue que “Dieron ayuda clave en una crisis. Fueron valoradas, rompieron barreras”.








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