Vacunas y personas vulnerables: ¿cómo alcanzarlos?

Muchos adultos mayores y personas con discapacidades han experimentado importantes dificultades para acceder a la vacunación contra el COVID-19. Corren un mayor riesgo especialmente si viven solos, carecen de tecnología o hablan idiomas distintos del inglés.


Quienes viven en centros de asistencia o de cuidados a largo plazo representan en promedio una de cada tres muertes por el coronavirus, una cifra desproporcionada para el volumen de esa población.


La Organización Mundial de la salud ha hecho un llamado para vacunar a los que corren más riesgo y son más difíciles de alcanzar, como adultos mayores, personas con discapacidades y comunidades de color.


¿Qué está pasando?


Cindy Cox-Roman, es directora general de HelpAge USA, una organización mundial sin ánimo de lucro que promueve el bienestar e inclusión de las personas mayores en todo el mundo. Condujo un estudio vía telefónica entre enero y abril de 2021, con 32 entrevistas a personas de 70 años ubicadas en 5 lugares distintos de EE. UU.


Básicamente ubicaron dos grupos Los escépticos y quienes cuestionan la vacuna –una minoría– versus quienes la aceptan.



Pexels / Meruyert- Gonullu


Entre los primeros hay quienes las rechazan abiertamente, a la par de otros que prefieren “esperar y ver”. Entre quienes la aceptan, hay dos grupos: los pragmáticos y los creyentes.


Los primeros basan su decisión en hechos de su entorno, como la disponibilidad de la vacuna; mientras los otros confían en la ciencia y desestiman los rumores.


Muchos de los del grupo que espera para ver se pasan con el tiempo al de pragmáticos.

Estos comportamientos que obstaculizan la vacunación, son atribuidos por Cox-Roman a lo que ella lama “la información imperfecta”.


Este grupo de edad cree más a la TV que a las redes sociales, en las cuales no participa. También perciben como costosa la TV por cable.


Para colmo, fuentes informativas en las que confían, como las bibliotecas, han permanecido cerradas. También prefieren evitar conflictos familiares, por lo que no discuten en el hogar puntos de vista opuestos sobre la vacuna.


En sus decisiones influye el miedo a recibir una inadecuada atención médica y fallecer por COVID-19; lo cual empuja a muchos a vacunarse. Por otro lado, suelen confiar en sus médicos personales y seguir su sugerencia de aplicarse la vacuna.


Cuando comenzó a aplicarse la vacuna, las personas mayores veían filas largas para conseguirla y pensaban: “Yo no tengo fuerzas para hacer eso”. Una información que los disuadía de buscarla.



Latinos mayores se vacunan menos


Cada grupo social tiene un comportamiento particular y distinto, según especifica Kim McCoy Wade, directora del Departamento de Envejecimiento de California.


La cantidad de latinos con 65 años que se ha vacunado es de 40%, es la mitad que los blancos y asiáticos de esa misma edad. E incluso, es menos que los latinos en los 50 años; mientras los latinos en sus 70 se han vacunado menos que los de 60. Es el único grupo que presenta este comportamiento inverso, según la especialista.


“Estamos tratando de hacer la logística más fácil, de ofrecer transporte, de hacer más fácil encontrar la vacuna, que los líderes de la comunidad hablen y lleven la información.

Ha habido muchas reuniones con la comunidad afroamericana. Hay epidemiólogos comunicándose con latinos y asiáticos”, relata.


Y alerta: “Al final del día lo que necesita la gente es escuchar la información. Lo hacen de expertos, líderes de la iglesia e incluso de sus nietos”.


Los mayores, una urgencia


La doctora Louise Aronson, autora, geriatra y profesora de medicina en la UCSF, autora de

"Elderhood" (Envejecimiento), afirma que “La gente más saludable se vacuna más, pero es la gente que tiene mala salud la que necesita vacunarse”.


Hay 4% de estadounidenses viviendo en lugares asistidos; pero representan el 34% de muertes. No existía el equipo para evaluarlos y protegerlos. La gente que trabaja allí también llevó la enfermedad a sus comunidades, generalmente de bajos ingresos.


También sucede que las personas mayores que se quedan en sus casas son prácticamente invisibles. “Es muy difícil comunicarse con ellos”, lamenta.


“Les decimos que se aíslen, pero los enviamos a vacunarse en sitios donde hay montones de gente, entonces ven la contradicción. Además, hay gente que necesita ayuda para salir de su casa”.


“El gobierno debe enviar más recursos a donde hay necesidad, pero lamentablemente este grupo no hace mucho ruido y no obtienen mucha atención”, concluye.


Un testimonio


Jessica Lehman, es directora ejecutiva de Senior and Disability Action, que moviliza a las personas mayores y personas con discapacidad para trabajar por los derechos individuales. Está en silla de ruedas y su capacidad respiratoria es menor. “Tengo pánico de que me dé COVID”, confiesa. “Me exponen cada vez que alguien entra a mi casa”.


“Mucha gente murió en hogares para ancianos, 1 de cada 10. ¿Por qué no vacunamos suficientemente a personas con discapacidades? Tomó tiempo entender esto”, comenta con desconsuelo.


Hubo gente que asumió que la gente mayor o discapacitada estaba abajo en la lista de prioridades, “como si valieran menos”, denuncia.


Relata que, a un adulto mayor de raza negra en Texas, se le quitó el ventilador por orden de un médico. Este asumió que el paciente, por su discapacidad, no tenía calidad de vida.


Aconseja que deberían priorizarse en las vacunas a los parientes de personas mayores o con discapacidad, para disminuir su riesgo.


Pide compartir información, desechar mitos, “difundir noticias para salvar vidas, la información correcta es el antídoto”; así como luchar contra la discriminación por discapacidad o edad. También solicita darle valor a la gente mayor: “Estamos perdiendo nuestra cultura por esta pandemia”, concluye.


El miedo, obstáculo a vencer


Anni Chung es directora Ejecutiva de Self Help for the Elderly y miembro de la Comisión de California sobre el Envejecimiento. Lamenta que haya mucha mala información, especialmente para quienes no hablan inglés. “Escuchan cosas y las repiten”, afirma.


Cuando las vacunas comenzaron a estar disponibles, se vio a muchos inmigrantes monolingües que no podían navegar los sistemas de citas.


Relata que se dirigieron al Departamento de Salud y recomendaron: “Hay que buscar a la gente mayor, no pueden esperar que ellos vayan”.


Comenzaron a trabajar con la Coalición China, YMCA y otros aliados en un código postal del Chinatown donde el porcentaje de vacunación era muy bajo.


“A veces no contestan el teléfono, hay que tocarles la puerta y hablarles siempre en su idioma. Creen que les van a inyectar el virus o colocarles algo adentro y seguirlos”, explica.


Tienen un sitio web que responde todas las preguntas y los anima a vacunarse. También ofrecen información a sus hijos y nietos, les piden que acudan al médico en quienes confían. “Explicamos que deben vacunarse para proteger a sus propias comunidades”.


Apunta que hay aproximadamente un 20% de personas testarudas que no ceden, “pero nosotros tampoco nos vamos a rendir”.


Incluso vacunaron a un señor de 107 años. “Vamos a seguir haciéndolo”.



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